Thursday 04, Jun 2020

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Mujeres homosexuales en el siglo XXI: De “Carol” y otras discriminaciones

 

Bienvenidos a su espacio “¿Quién le teme a Virginia Woolf”, en esta oportunidad quiero hablar de un tema que, parece increíble, sigue siendo un tabú en la segunda década del siglo XXI: la homosexualidad femenina, el término adecuado es “lesbianismo”, en honor a la poetisa griega Safo de Lesbos (650/610 – ¿Léucade?, 580 a. C), pero el propio término “lesbiana” contiene un fuerte matiz discriminatorio, un fenómeno que, por cierto, ratifica que la lengua, adrede o no, es sumamente sexista, pero al menos deberíamos "agradecer" que la orientación sexual de la gran poetisa Safo le legó a la lengua una palabra: "lesbiana". Decir “lesbiana” hace 2500 años o decirlo ahora es rebajar a la mujer a su más diminuta dimensión, en cambio, decir “homosexual” es matizar, excusar cierto comportamiento “anormal” que atenta contra la familia, la moral y las buenas costumbres. En fin, decidí compartir con ustedes estas reflexiones debido a la controversia que ha venido suscitándose desde el 16 de enero, cuando la Academia de Ciencias y Artes de los Estados Unidos, que entrega el premio Oscar, el más importante del mundo en la industria del séptimo arte, anunció los nominados de este año para la gala que se llevó a cabo el domingo 28 de febrero.

La crítica internacional recibió con sorpresa y desagrado que el aclamado filme de Todd Haynes, Carol, protagonizado por Cate Blanchett (“Carol Aird”) y Rooney Mara (“Therese Belivet”), no fuera considerado en la categoría Mejor Película, después de haber deslumbrado en el Festival Internacional de Cine de Cannes 2015, en el que Rooney Mara se llevó la Palma de Oro como Mejor Actriz, derrotando a su compañera de reparto, Cate Blanchett. La película fue nominada en seis categorías por la Academia de Ciencias y Artes, incluyendo Mejor Actriz Principal (Blanchett) y de Reparto (Mara), pero así como fue ignorada en el Globo de Oro, fue ignorada en el Oscar, pues no logró ni un premio. En lugar de acallar las críticas, la prensa internacional ha atacado con inclemencia lo que llama “la discriminación de la Academia” con los filmes que abordan el enconoso tema de la homosexualidad. Si tomamos en cuenta que La chica danesa tampoco fue premiada en la principal categoría, podría una pensar que no fue premiada por ser un drama transgénero. Ya pasó lo mismo en 2005 con Transamérica y en 2006 con Brokeback Mountain. Como lo escribió José Antonio Évora en el Diario Las Américas: “no sé cómo se las arreglaron los miembros de la Academia para dejar vacío el espacio de Carol entre las mejores películas del año”, y es cierto, no se entiende. Pero a propósito de Carol y otras discriminaciones, esta controversia lo que pone sobre la mesa es la incómoda pregunta: ¿el hombre ha evolucionado lo suficiente como para reconocer la condición de “sujeto” de las mujeres lesbianas u homosexuales? La discriminación es un hecho innegable en todos los ámbitos, lamentablemente se discrimina por el color de la piel, la condición social, la ideología política y religiosa, y también se discrimina por la orientación sexual, una discriminación de la que no escapan los varones, quienes son tildados de “maricones”, “parchas”, “mariposones” y cualquier descalificativo ominoso hacia su persona. Pero en el caso de las mujeres, la homosexualidad es una condición dolorosa que añade más angustia a la ya condición de ser subalterna. Y es una subalternidad cultural cómplice, pues en la sociedad occidental la mujer ha ido creciendo debido a su lucha, ahora vota, se divorcia, estudia y sale a la calle a trabajar. En la sociedad moderna la mujer hasta se da el lujo de ser madre soltera y de escoger a sus parejas, pero no puede ser homosexual, no es ilegal como en algunas sociedades musulmanas o comunistas, pero en occidente no se necesita que sea ilegal, ya ser una “mujer homosexual” saca a las mujeres de la historia y las hace entrar en conflicto con ella.  

Ser una mujer homosexual en la sociedad “moderna” -el término es discutible- es ser criticada y rechazada en su círculo íntimo, es una trasgresión “pecaminosa” que arrebata la condición de “sujeto” y ubica a la mujer en el afuera, es una alteridad inaceptable que apenas se soporta hipócritamente pero que llena de susurros los pasillos de las oficinas, las esquinas de los suburbios, los supermercados y las escuelas donde llevan sus hijos porque, sí, muchas mujeres homosexuales se casan y tienen hijos -como Carol- y viven inmersas en matrimonios infelices porque así lo dictamina la sociedad y la cultura. Y como Carol, algunas de estas mujeres deciden revelarse, cuando se revelan son devoradas por el monstruo, desgarradas, señaladas y apartadas de todo lo que constituya su autodeterminación. Ciertamente, la discriminación en todos los ámbitos es el cáncer de la humanidad, no hay cura para ello, pero la discriminación hacia las mujeres homosexuales seguirá llenando los bolsillos de los abogados, seguiremos viendo mujeres infelices y matrimonios arruinados por una anomalía de la sociedad que subyuga a las mujeres lesbianas a una heterosexualidad ajustada a la moralidad religiosa de esta ya infame cultura patriarcal. La angustia de Safo, allá en la glamorosa Grecia Clásica, es la angustia de las mujeres lesbianas de pleno siglo XXI, en realidad, su incómoda y "ruborizante" posición en el ámbito cultural no ha cambiado mucho desde entonces.  

Nota: Este artículo es una opinión de la columnista que no compromete la línea editorial de la página. Algunas expresiones podrían ser sensibles para algunos criterios, pedimos excusas, pero las cosas hay que nombrarlas como son. La fotografía que acompaña el artículo es un fotograma de la película Carol, cortesía de Metropoli.com.

 

© Brenda Márquez

Columna exclusiva para Mujeresdehoy.net

 

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Brenda Márquez

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