Wednesday 13, Dec 2017

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Medea descorazonada: Depresión, melancolía y otras elucubraciones

Cuando una ve a una enajenada Elizabeth Taylor en la película dramática ¿Quién le teme a Virginia Woolf? (1966) –cuyo nombre titula esta columna– no puede más que pensar en que las mujeres están genéticamente programadas para el drama, mejor aún, para los berrinches, para los caprichos, para los celos infundados, para la victimización. Y es que la enajenación femenina como constructo cultural es tan antigua como la vida. Desde la antigüedad se tiene la concepción de que las mujeres heridas, presas de las pasiones, son peligrosas, en la mitología existe un ejemplo arquetípico, se trata de la hechicera Medea, quien en la obra de Eurípides (c 480 – C 406 a C) es una mujer despreciada, rechazada por su marido Jason y que, en busca de venganza por la traición de su marido, asesinó a sus hijos, una tragedia terrible sin duda, desde entonces se inmortalizó a las mujeres como  eternas neuróticas. ¿Pero en realidad las damas son tan terriblemente vengativas?

Quizás la compleja personalidad femenina da para estas y muchas otras elucubraciones, pero lo que sí es cierto, según expertos psicólogos y psiquiatras, es que las mujeres son más propensas al resentimiento, a la depresión, a la ira y la venganza cuando se sienten o son traicionadas. Una mujer descorazonada puede ser capaz de cualquier cosas dicen algunos, pero en realidad la misma psiquiatría prueba de forma contundente que son las mujeres las que más rápido superan las crisis emocionales, claro está, si no hay patologías mentales que interfieran en ese proceso de superación. Este formidable tránsito del inframundo del dolor hacia la plenitud y la tranquilidad es tratado magistralmente por la escritora, crítica y teórica de la literatura, y psicoanalista francesa Julia Kristeva, en su célebre Sol negro: Depresión y melancolía (1989), en el cual la intelectual analiza las etapas del duelo ante la pérdida amorosa. Según Kristeva, el duelo es una etapa natural en la que el cuerpo y la mente depuran los factores de dolor, llamémosle “despecho”. Una mujer descorazonada, engañada y abandonada que se echa a morir está en duelo y eso es normal, llorar a cántaros por muy exagerado que nos parezca es bueno para la salud física y mental. Encerrarse una semana, dejar de comer o comer demasiado, acosar a las amigas o no llamar a ninguna, son señales del duelo, y esto es normal. Pero lo que no es normal es la prolongación del duelo, según Kristeva, este no debe durar más de tres meses, todo lo que trascienda ese periodo de tiempo es alarmante y motivo de preocupación, entonces el duelo se transforma en obsesión y las ideas obsesivas conllevan a pensamientos de venganza, a la destrucción del otro y de sí misma. Cuando los familiares y amigos cercanos se dan cuenta de que ese “despecho” no anda bien, deben intervenir. Estar descorazonado no es un delito, tampoco motivo de vergüenza, es más bien una oportunidad de ser mejor, de trascender. No hay neurosis cuando de problemas de amor se trata, lo que debe haber es la necesaria etapa del duelo y su posterior camino a la verdadera felicidad que no está con nadie, sino dentro de sí mismas. ¿Medeas descorazonadas? ¡No! Mujeres que se superan.

 

© Brenda Márquez

Columna exclusiva para Mujeresdehoy.net    

Foto: https://lamenteesmaravillosa.com/el-sindrome-del-corazon-roto/

Imagen de Llovizna
Brenda Márquez

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