Friday 23, Aug 2019

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Las hijas del caníbal

 

Queridos lectores, el título del artículo de hoy de su columna ¿Quién le teme a Virginia Woolf?, podría anticiparles que les voy a hablar de la extraordinaria novela La hija del caníbal (1997), de la renombrada periodista y escritora española, Rosa Montero. Pero si se fijan bien, la verdad es que mi título presenta una variante, “hijas” del caníbal, sí, en plural, lo que indica que no voy a hablar de la novela de Rosa Montero, pero me inspiro en el título de su novela -con todo respeto a la escritora- para hablar del “canibalismo cultural” de nuestras sociedades. ¿Se estarán preguntando qué es canibalismo cultural? En primer lugar, partamos del hecho de lo que significa “canibalismo”, bien, el diccionario de la Real Academia de la Lengua Española remite al término “antropofagia”, que es -dice- la “acción de comer el hombre carne humana”. Pero por qué hablo de un “canibalismo cultural”, es simple, porque las sociedades actuales, tanto en Oriente, Oriente Medio, Próximo y Occidente, son sociedades en las que el patriarcado domina, un patriarcado devorador que consume implacable todo lo que le rodea. Vivimos dentro de un canibalismo cultural que, en realidad, sobrevivimos sin darnos cuenta, un canibalismo que va desde la manipulación por parte de los mass media hasta los más acérrimos controles políticos e ideológicos de la sociedad. Sí, vivimos en una sociedad caníbal y las mujeres son, indudablemente, las hijas de este canibalismo. Las hijas del caníbal luchan desde tiempos inmemoriales por no ser devoradas por una cultura patriarcal antropofágica que despedaza la condición de sujeto de las mujeres. Los mecanismos de dominación son diversos, el más común posiblemente es el matrimonio, un mecanismo que es lapidario y destructivo en las sociedades islámicas y tribales, un mecanismo que en éstas disminuye la condición de sujeto de las mujeres hasta el mínimo posible, hasta el subsuelo, hasta desintegrar su condición de “sujeto” para convertirlas en “objeto”. En occidente es diferente, digamos que se maquilla el mecanismo, la mujer occidental promedio goza de libertades que la cultura caníbal le otorga como concesión, como un regalo para callarlas, para apaciguar el fuego de su irreverencia. En Occidente la mujer promedio usa pantalones y hasta lleva los pantalones en casa, pero si le lavamos la cara, si le quitamos el maquillaje, si la dejamos realmente “desnuda” ante sí misma, la realidad es devastadora, entonces vemos mujeres devoradas por todas partes. La cultura de los mass media nos hace creer que el canibalismo contra las mujeres en Occidente no existe, pero las vemos todos los días semidesnudas vendiendo cerveza, finos y caros whisky, vinos, cigarrillos, ropa de diseñador, costosos perfumes, autos, etc., o haciendo gala de su condición antropofágica en la industria pornográfica legal, aclaremos, donde las hijas del caníbal reciben un trato preferencial, ganan miles de dólares para entretener a una audiencia 98% masculina, según indican algunos estudios de prestigiosas universidades de Estados Unidos y Reino Unido, nada nuevo, algunos de estos datos están disponibles en la red. Y no es una crítica a esa industria, sino una reflexión de cómo estos fenómenos culturales siguen ratificando la penosa condición de la mujer en el mundo actual, tan penosa como lo era en el siglo XIX, en la Edad Media, en el Oscurantismo, en la época del imperio romano, en la Grecia clásica, en el Egipto faraónico y hasta donde sabemos, en las sociedades nómadas primitivas. De manera que, apreciados lectores, el canibalismo no va mucho más allá del hecho de que humanos consuman carne humana, no mis estimados, el canibalismo-antropofagia ha sido ampliamente estudiado en el ámbito académico desde una perspectiva cultural, porque la cultura devora, es caníbal, y en su afán de consumirlo todo, devora a la mujer; el caníbal es el gran hermano -ahora le hago el préstamo a George Orwell- el Padre, como se aborda desde el psicoanálisis, un padre atroz, severo, perverso, implacable al que, por las rendijas, tratan de escapar las hijas del caníbal.

 

© Brenda Márquez

Columna exclusiva para Mujeresdehoy.net

Foto: Saturno devorando a su hijo (1819-1923), óleo de Francisco de Goya, Museo del Prado, Madrid. En: http://temasycomentariosartepaeg.blogspot.com/p/blog-page_914.html

 

 

Imagen de Llovizna
Brenda Márquez

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